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Lo que Diesel puso en pasarela fue el lujo real de 2026: el sexo.

hace 12 minutos
6 min de lectura

Mientras la data confirma que esta es la generación con menos sexo de la historia reciente, Glenn Martens cerró su etapa en Diesel poniendo en pasarela justo lo que se nos volvió inalcanzable: tocar a alguien sin miedo, sin cálculo y sin pantalla de por medio.


¿Qué necesita un desfile para hacerme sentir algo? Es algo que me he preguntado las últimas semanas. ¿Un final con confeti? Ya lo vi en un video que ni siquiera terminé de ver completo. ¿Una modelo icónica volviendo a la pasarela después de años? Bonito, pero para el segundo clip que me aparece en el feed ya se me olvidó cuál fue. Puede que el problema no sea la moda. Puede que sea yo, con seis pestañas abiertas, viendo Milan Fashion Week como quien ve una serie con el celular en la otra mano.



Lo que sí funcionó, resulta, fue mucho más “simple”: 200 personas besándose  y tocandose en las gradas. Y no hizo falta estar ahí para sentirlo, bastó un clip de quince segundos circulando por todos lados para que, por primera vez en semanas, dejara el teléfono quieto un momento. El 22 de septiembre, Glenn Martens cerró seis años en Diesel así, con modelos gimiendo entre el público mientras sonaba un remix de Love to Love You Baby, y la colección, denim tratado con láser para parecer cuero, unos shorts tan diminutos que el propio Martens los llamó "el manifiesto de la fiesta", quedó reducida a nota al pie. Ni el trompe l'oeil ni el corte de los pantalones lograron lo ese performance logró en cuestión de segundos: que todo internet, yo incluida, parara, al menos un rato, de scrollear.Fue porque puso frente a nosotros algo que, en la vida real, cada vez se nos hace más raro ver: dos personas tocándose sin editar, sin pantalla de por medio, sin cálculo. El lujo, durante décadas, fue lo inalcanzable, un bolso, una mesa con lista de espera de meses. Hoy lo inalcanzable ya no cabe en una vitrina. Es el tiempo. La energía. Las ganas reales de tocar a otra persona. Diesel puso eso en pasarela: deseo cumplido, sin fricción, sin miedo al rechazo. El lujo que cada vez menos de nosotros se puede costear.



Seis años construyendo el mismo argumento:

Martens llevaba temporadas anunciando este cierre sin que nadie lo leyera como anuncio. En 2023 regó 200 mil condones Durex sobre su pasarela. Meses después convirtió el centro de Milán en una búsqueda del tesoro pública, con modelos encerrados en huevos transparentes repartidos por la ciudad. En febrero de este año llenó el set con 50 mil piezas del archivo de la marca para narrar la energía de "la mañana después de una noche que no recuerdas del todo", el walk of shame convertido en filosofía de vida, sin culpa, con orgullo. Vista en retrospectiva, cada temporada fue un párrafo de la misma frase larga: el placer como el verdadero ADN de Diesel, no como un simple accesorio de temporada.


Para coreografiar ese cierre, Martens eligió a (LA)HORDE, un colectivo francés que dirige el Ballet Nacional de Marsella y que lleva diez años haciéndose la misma pregunta en cada pieza que monta: ¿qué le pasó al cuerpo colectivo después de que todos empezamos a vivir dentro de una pantalla? Le llaman "danza post-internet". Han trabajado con bailarines ciegos, con adultos mayores, con ravers, mapeando cómo se mueve un cuerpo cuando ya no le queda historia.


El sexo como el nuevo lujo:

Esto no es una intuición. Hay data: según la General Social Survey de Estados Unidos, analizada por el Institute for Family Studies (un think tank conservador), la proporción de adultos de 18 a 64 años que tenía sexo al menos una vez por semana pasó de 55% en 1990 a 37% en 2024, el nivel más bajo que ha registrado la encuesta. Entre los de 18 a 29, quienes pasaron un año entero sin sexo se duplicaron en una década: de 12% en 2010 a 24% en 2024. Ni el matrimonio se salva. Entre 1996 y 2008, el 59% de los casados tenía sexo semanal, y entre 2010 y 2024 esa cifra bajó a 49%.


Detrás de esos porcentajes hay una vida social que se encogió. Los jóvenes pasaron de 12.8 horas semanales de tiempo social en 2010 a poco más de 5 en 2024, y los que viven en pareja bajaron de 42% a 32% entre 2014 y 2024.


Las ganas, en cambio, siguen ahí. La encuesta que Playboy hizo junto con el Kinsey Institute y Julie, una marca de salud sexual que vende anticoncepción de emergencia, consultó en línea a 2.373 adultos de 18 a 29 años en Estados Unidos. El 29% no tuvo ninguna pareja sexual en los últimos tres meses y el 19% nunca ha tenido una, pero el deseo va de moderado a alto y solo el 18% dice estar insatisfecho con su vida sexual. 


Según Kinsey, lo que falta es oportunidad, porque el deseo está.Y la plata pesa: al 43% las preocupaciones económicas le hacen más difícil salir con alguien o sostener una relación, y el 37% dice que el estrés financiero ha afectado su vida sexual. Cerca de uno de cada cuatro afirma que las interacciones en línea, desde mensajes y redes hasta compañeros de inteligencia artificial, cubren parte de su necesidad de intimidad.


Seguimos deseando; lo que se agotó fue el tiempo, la plata y la valentía disponibles para perseguirlo. Eso, en cualquier mercado, es la definición exacta de un bien de lujo: demanda alta, oferta cada vez más reducida.



Mientras tanto, alguien está legislando sobre lo que hacemos con ese cuerpo:

Resulta curioso que, en un contexto de menor actividad sexual, la regulación estatal sobre los derechos reproductivos y la educación sexual continúa en el centro del debate público colombiano. Esta discusión se intensificó en agosto de 2016 con las marchas masivas contra las cartillas de educación sexual del Ministerio de Educación, coyuntura en la que cobró fuerza el lema “Con mis hijos no te metas”. Una década después, la administración de Abelardo de la Espriella ha retomado esta línea de política pública. A través del Ministerio de Educación, el Gobierno impulsa una revisión de los contenidos escolares orientada a un enfoque centrado en la biología, al tiempo que respalda iniciativas legislativas en esa misma dirección.


En el ámbito internacional, la Cancillería retiró a Colombia de la Equal Rights Coalition, alianza multilateral de apoyo a los derechos LGBTIQ+ que el país copresidía junto con España. Mientras el Ejecutivo sostiene que los derechos y garantías legales vigentes no sufren modificaciones, organizaciones defensoras de derechos humanos, como Caribe afirmativo, interpretan la medida como un cambio desfavorable en la agenda de protección.

Esa agenda ya tiene su propia imagen, una que circula hace rato en redes: la tradwife. Faldas de corte años cincuenta, cocina desde cero y voces como la de Estee Williams, que dice que las esposas deben someterse a sus maridos. Aparece en el mismo calendario en que la derecha más conservadora gana terreno en las urnas de Europa y Estados Unidos: el cuerpo cubierto y doméstico como la imagen de lo que se espera de una mujer.


Y esa agenda ya tiene su propia imagen, una que circula hace rato en redes: la tradwife. Vestidos hasta el tobillo, cocina desde cero, sumisión al esposo presentada como el ideal femenino. Esa estética explotó en el mismo calendario en que la extrema derecha gana terreno en las urnas de Europa, Estados Unidos y buena parte de Latinoamérica: el cuerpo cubierto y doméstico como la imagen visual de un proyecto político sobre qué se espera de una mujer.


Con ese contexto de fondo, un desfile donde el cuerpo se toca y se disfruta sin pedir permiso deja de leerse como puro morbo. Se lee como una postura, tomada con lentejuelas y denim, justo en el momento en que esa misma libertad se está disputando en el Congreso y en las urnas.


Lo que queda cuando se apagan las luces rojas:

El último desfile de Martens en Diesel celebró una libertad que se nos escapa entre los dedos, por plata, por tiempo, por miedo, por pantallas, justo cuando hay quienes quieren acelerar esa fuga por ley. Vendió el deseo como el lujo que ya es: algo que todos queremos, pocos pueden costear en tiempo y tranquilidad mental.Cuando alguien diga que esta generación ya no tiene sexo, vale la pena preguntar qué parte es elección y cuál es simplemente el costo de vivir en 2026. Martens hizo esa pregunta antes que la mayoría de nosotros. Y la respondió vendiendo la fantasía en una pasarela convertida en fiesta, el mismo contacto que a la mayoría se le volvió inalcanzable.


Fuentes


 
 
 

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