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The Latin Guide: cuando la hospitalidad también es territorio, Alquímico x Diageo.

En América Latina, la hospitalidad nunca ha sido solo servicio. Es conversación, memoria, sobremesa larga, ingredientes que cuentan historias. Pero en los últimos años también se ha convertido en un espacio de responsabilidad: ¿quién cultiva lo que servimos?, ¿qué comunidad hay detrás de cada botella?, ¿qué futuro estamos ayudando a construir desde la barra?


En ese cruce entre industria y territorio aparece una alianza que vale la pena mirar con calma: la que están desarrollando Diageo y Alquímico. Más que un anuncio corporativo, lo interesante aquí es la conversación que proponen dentro del sector On-Trade en Colombia: crecer sí, pero no a cualquier costo.




Uno de los ejes de este trabajo se está dando en los Montes de María, una región que durante años ha sido símbolo de resistencia y reconstrucción. Allí, la alianza ha puesto el foco en tres frentes que conectan formación, economía local y acompañamiento social.


Por un lado, 27 personas de la comunidad se graduaron del programa Learning for Life, una iniciativa que ofrece formación técnica en coctelería y servicio. En un país donde la hospitalidad es uno de los sectores con mayor dinamismo, profesionalizar el talento local no solo amplía oportunidades laborales: dignifica un oficio que muchas veces ha sido subestimado.


Pero la conversación no se queda en la empleabilidad. A través del llamado “Menú de la Comunidad” en Alquímico, se está apoyando el trabajo de ASOCOMAN, una asociación campesina comprometida con la producción orgánica en la región. La curaduría del menú —realizada en colaboración con Don Julio— integra ingredientes y saberes del territorio dentro de una propuesta que no solo busca sofisticación, sino trazabilidad. Saber de dónde viene lo que bebemos y comemos es, hoy más que nunca, un acto político.


Los recursos generados están destinados al fortalecimiento de la comunidad: mejoras en su centro de producción, la construcción de una escuela y la adquisición de un sistema de transporte. Es decir, infraestructura real, impacto tangible.


Si algo ha hecho Alquímico en los últimos años es demostrar que un bar puede ser también un laboratorio cultural. Ubicado en Cartagena, su propuesta ha girado en torno a la biodiversidad colombiana y al trabajo directo con productores locales, convirtiendo la coctelería en una forma de narrar país.


Desde The Latin Issue, nos interesa observar este tipo de iniciativas no como campañas, sino como síntomas de un cambio más profundo. La hospitalidad latinoamericana está en un punto de inflexión: profesionalización, sostenibilidad, identidad y negocio ya no pueden pensarse por separado.


Que una barra en Cartagena dialogue con campesinos en Montes de María; que la formación técnica se conecte con empleabilidad real; que el menú hable de origen y no solo de tendencia. Todo esto nos habla de una industria que empieza a entender que el lujo contemporáneo no es exceso, sino conciencia.



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