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Carta de la editora: Una industria sostenida por mujeres pero liderada por hombres.


El Fashion Month siempre es un ejercicio de velocidad. Cuatro ciudades, cientos de desfiles, miles de imágenes. Todo sucede tan rápido que muchas veces lo entendemos semanas después, cuando ya no estamos tratando de seguir el calendario.

Hasta ahora, pude pensar en la paradoja que atraviesa a la moda desde hace décadas: una industria construida, sostenida y consumida mayoritariamente por mujeres, pero todavía dirigida, en gran medida, por hombres.


Las mujeres representan alrededor del 70 % de la fuerza laboral global de la moda y constituyen aproximadamente el 85 % de los consumidores del mercado.

En términos simples: somos quienes trabajan en las tiendas, en las fábricas, en las oficinas editoriales… Somos quienes compran la ropa, quienes siguen las marcas, quienes sostienen el negocio.


Y aun así, cuando miramos quién toma las decisiones, la imagen cambia.

Solo alrededor del 25% de los puestos de liderazgo en las grandes compañías de moda están ocupados por mujeres.


París, 1907
París, 1907

En muchos casos, las mujeres siguen concentradas en áreas de apoyo: recursos humanos, comunicación, marketing; mientras que las posiciones de dirección creativa, CEO o presidencia continúan dominadas por hombres.


Incluso cuando hablamos de salario, la diferencia persiste: las mujeres en la industria de la moda ganan aproximadamente un 12% menos que los hombres en roles equivalentes.

Y si ampliamos la mirada hacia la cadena completa de producción, la desigualdad se vuelve todavía más evidente: alrededor del 80% de las personas que confeccionan la ropa en el mundo son mujeres, según amnistía internacional.


De las grandes casas de lujo que dominaron las pasarelas, de New York a París, solo una pequeña parte está dirigida creativamente por mujeres.


Entre las pocas excepciones están Miuccia Prada, Sarah Burton, Maria Grazia Chiuri, Louise Trotter, Nadège Vanhee‑Cybulski, Rei Kawakubo o las hermanas Mary‑Kate Olsen y Ashley Olsen.


En el panorama de grandes casas de lujo, eso representa aproximadamente un 27 % de direcciones creativas femeninas frente a un 73 % masculinas. Lo más curioso es que muchas de las casas que hoy lideran hombres fueron fundadas por mujeres.



Quizás lo más interesante de todo esto es que no se trata de preparación o experiencia. Las escuelas de moda llevan décadas graduando mayoritariamente mujeres. En algunos programas, representan más del 70 % del alumnado.


La pregunta entonces no es por qué no hay mujeres en la moda. La pregunta es por qué tantas desaparecen antes de llegar a la cima.


Después de tantas temporadas viendo desfiles, uno empieza a entender que el problema no siempre es visible en la pasarela. A veces está en lo que ocurre antes: quién recibe financiación, quién accede a mentoría, quién tiene el espacio para liderar.


Y también quién es escuchado cuando toma decisiones creativas.


La moda, al final, siempre ha sido un espejo cultural. No solo de lo que vestimos, sino de cómo funciona el poder ¿Cómo puede una industria impulsada por mujeres no reflejar esa misma realidad en quienes la dirigen?


Tal vez este texto es la manera correcta no solo de haber cerrado el Fashion Month Fall Winter 2026; si no también el mes donde honramos las mujeres que vinieron antes que nosotras. Aquellas que abrieron las puertas a esos espacios que aún hoy nos cuestan recorrer, pero que sin duda logramos habitar desde la rebeldía, inconformidad y la esperanza infinita que significa ser mujer.



Posdata: Hola 👋🏼 soy María Antonia Vallejo, creadora de The Latin Issue.

Hace un tiempo decidí que este espacio iba a ser una pausa dentro del ritmo de la moda. Una carta ocasional para pensar con calma esos temas que a veces quedan fuera del calendario de desfiles o noticias mediáticas, pero que siguen definiendo la industria.

Si llegaron hasta aquí, gracias por leer xoxo.

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